viernes, 12 de marzo de 2010

Hospital Shaarei Tzedek según un Palestino

Esta semana me tocó estar una noche en el Hospital Shaarei Tzedek en Jerusalem, donde ocurrió una conversación con un palestino que me pareció interesante compartir con ustedes.

El hecho es que yo estaba esperando para irme pero justo me tocó el cambio de turno y las enfermeras estaban explicando a las nuevas lo que ocurría con cada paciente. Lo cual me hace entender porque nos llaman "pacientes", hay que tener mucha paciencia!!!

De costado había en una camilla una mujer árabe y el marido (aparentemente de unos 35 o 40 años) muy bien vestido, traje sport y buena presencia. El marido estaba sentado en un sillón cerca de su esposa, y yo me senté en el sillón pegado al de el.

Lo noté un poco preocupado y le pregunté: Qué paso con su esposa? Me contó que hace poco tuvo familia y tiene muchos dolores en la pierna y abdomen. Empezamos a hablar y me dejó saber que Shaarei Tzedek le parece un hospital malo.

Yo le pedí que mirará alrededor (las instalaciones limpias y modernas) y me dijo que es cierto que las instalaciones son buenas, pero el personal te deja esperando sin venir a preguntar "cómo está el enfermo?".

Me preguntó si a mi también me hacían esperar (por mi condición de judío). Me reí y le dije que si. Le aclaré que no es siempre así, pero cuando pasa el cambio de turnos los médicos y enfermeras son odiosos. Los del turno anterior ya se quieren ir, y los del nuevo turno, están lentos pues recién están entendiendo lo que pasa.

Cada vez que yo me paraba a preguntar al médico si ya estaban mis análisis, y la médica de turno me decía que espere (estuve esperando 4 horas!), el palestino me miraba y se reía.

Yo también me reía. Tenía placer del hecho de que a mi me trataban igual de mal que a él, que no era un maltrato a propósito contra un palestino, sino que así es el trato con todos.

Me hubiera puesto muy mal si detectaba algún tipo de diferencia en el trato. A decir verdad, estuve en Shaarei Tzedek mas de 20 veces en los 8 años que estoy en Israel, y nunca noté una diferencia de atención entre israelíes y palestinos. Pero el miedo de presenciar la primera diferencia, me dio nauseas.

Qué se puede aprender de esta anécdota? No lo sé. Tal vez ustedes me digan que aprendemos. Pero no pude resistir el contar esta experiencia, aunque todavía no se por qué la escribí.
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